lunes, 19 de diciembre de 2011

Un "AGOSTO" que me dejó frío



El New Yor Times definió el texto de Tracy Letts como “la nueva obra americana más apasionante que Broadway había visto en años”.  “Agosto: Condado de Osage” se estrenó en el año 2007,  en Chicago,  y posteriormente, ese mismo año en Nueva York donde permaneció hasta el 2009 con gran éxito de crítica y público. 

En breve, esta función se convirtió en un auténtico fenómeno teatral, llegando a obtener en el 2008, los reconocimientos más anhelados por cualquier autor de teatro: el Pulitzer Prize for Drama, el Tony Award for Best Play y el Drama Desk Award for Outstanding Play. A partir de entonces, esta ha sido una de las obras teatrales más representadas por el mundo.

A España llegó de la mano de Sergi Belbel, estrenándose en catalán en el Teatre Nacional de Catalunya.
En esta ocasión, es el Centro Dramático Nacional, bajo la dirección de Gerardo Vera, quien nos trae a Madrid este texto, protagonizado por un correcto elenco que, según avanza la obra, queda oculto por la sombra de las soberbias interpretaciones de Amparo Baró y Carmen Machi.

He de reconocer que no profeso gran admiración por Gerardo Vera. Nunca le he sabido "pillar el punto" y todo lo que he visto de él siempre me ha parecido gritado, soso y muy aburrido en cuanto a dirección se refiere, lo cual me choca pues Gerardo es una persona tremendamente ilustrada, con gran sentido del humor, inteligente, encantador. En cualquier caso, es cuestión de percepciones y posiblemente el problema sea mío.

Acudí al teatro tratando de aparcar mis “no” afinidades con el Sr. Vera, atraído por un texto avalado por la crítica y un elenco digno de admiración. 

Creo que leí hace unos días a Julio Bravo que, la grandeza del trabajo de Gerardo Vera estaba en que había concebido una dirección sin que ésta se notase. Aunque Julio recoge esta observación muy acertada desde un punto de vista positivo, a mi entender, ese concepto aplicado por Vera ha sido negativo. Si bien la obra  destila categoría, es de principio a fin pura fuerza y el montaje está muy bien planteado aunque sin sorpresas (es calcado al que se puede ver por el resto del mundo), me faltó alma, equidad y un recorrido lineal. A lo largo de casi 4 horas, nos encontramos con momentos grandiosos, geniales, de tremenda belleza y otros que,  aún siendo igualmente grandiosos y geniales, resultan tremendamente aburridos, poco creíbles y de escasa nobleza. Este es uno de los grandes “peros” que le encontré a la función; hay momentos magistrales, de puro teatro, de esos que te dejan clavado en la butaca, que dan paso a otros en los que la calidad cae en picado y uno tiene la sensación de haber cambiado de obra. Tal vez, la magnitud del texto, haya obligado a estructurar demasiado el trabajo de escenas y eso afectase a la naturaleza de éstas a la hora de compilar en “una” todas, quedándose destacadas unas por encima otras.


El otro gran problema de “Agosto” es la desmesura interpretativa de dos bestias de la escena. Amparo Baró y Carmen Machi descargan despiadadamente su artillería y nos dejan a todos con la boca abierta, incluyendo a sus compañeros de reparto que, aun siendo grandes actores,  junto a ellas, parecen principiantes.

Pero sin duda, lo que menos me gustó fue la adaptación que Luis García Montero ha hecho de este texto, resultando en partes una versión cargada de corrección y belleza, y en otros momentos, soez e incoherente con un estilo lineal que debería de imperar a lo largo del montaje y que brilla por su ausencia.




Pudiera dar la sensación de que “Agosto” no me gustó nada, y no es así. Creo que es una de esas funciones que no deberíamos perdernos por tratarse de uno de los textos más importantes del teatro contemporáneo, amén de que es un puro lujo poder ver sobre las tablas a Amparo Baró y Carmen Machi, sin olvidarnos de que, aunque no es mi favorito, todos los que amamos el teatro tenemos una vez más la oportunidad de disfrutar de uno de los grandes directores de la escena a nivel mundial.

miércoles, 26 de octubre de 2011

ARTE QUE CONMUEVE




Muchos son los años que han pasado desde que vi por primera vez "El Rey León" en el New Amsterdam Theatrer de Nueva York. Recuerdo que, cuando finalizó el espectáculo, impactado por la experiencia y el trabajo de Julie Taymor, comenté la imposibilidad de poder tener una función de estas características en Madrid. Y es que, si había un espectáculo que reunía todos los inconvenientes para no poder aterrizar nunca en España, ese era este. Desde entonces ha llovido mucho, y el tiempo, por fortuna, me ha quitado la razón. 

A partir de aquella primera vez, siempre que he salido fuera y tenido la oportunidad de ver "El Rey León" en otros países o lenguas, no lo he dudado un solo instante.
Cuando STAGE confirmó que su próximo proyecto iba a ser este, me pareció un gesto de valentía por parte de su directora, Julia Gómez Cora, ya que imaginé que tendría que pelear contra todos aquellos que la tacharían de suicida por tratar de poner en pie una obra faraónica en un momento álgido de crisis económica. Sin embargo, si algo he tenido siempre claro es que este título sería un rotundo éxito que marcaría “un antes y un después” en el género de nuestro país, algo que parece estar ya ocurriendo a juzgar por las más de 100.000 entradas vendidas hasta la fecha.
Desde aquel anuncio de STAGE, he seguido de cerca el desarrollo del proyecto, no pudiendo evitar los miedos en relación a si seríamos capaces de estar al nivel y vencer las dificultades que este espectáculo plantea. Tras asistir a una previa y, posteriormente tras su estreno, puedo afirmar que podemos sentirnos orgullosos de contar con un REY LEÓN a la altura del resto de producciones que en la actualidad se pueden ver en otros países.

El teatro Lope de Vega se ha engalanado para la ocasión y preparado para albergar este espectáculo. Previamente se le ha hecho un buen lavado de cara (le hacía bastante falta) y se ha adaptado el espacio a las exigencias de la obra; un nuevo patio de butacas con dos pasillos centrales, reacondicionamiento de los camerinos, back-stage, pintura y tapizado del teatro en su totalidad, nuevos asientos, iluminación, etc., etc. En definitiva, estamos ante un nuevo Lope de Vega que luce mejor que nunca y te advierte, con su nuevo aspecto, de que estamos a punto de ver algo grande.

Sentado en el patio de butacas del Lope, recordé lo que en su momento, la crítica en Nueva York afirmó de este musical: "estamos posiblemente ante los mejores primeros quince minutos de la historia de Broadway". Y esa era para mí, precisamente, la prueba de fuego; si esos 15 primeros minutos eran capaces de provocar lo que yo había vivido en otros teatros, sin duda, podríamos afirmar que la prueba estaba superada. Y así ocurrió. La prueba estaba más que SUPERADA. El número inicial fue interrumpido en 4 ocasiones por la ovación unánime del público, que contemplaba absorto lo que sucedía en la platea y el escenario. A partir de ahí, la maquinaria de relojería que es este musical, comenzó a funcionar, casi,  con la precisión de un reloj Suizo.

Musicalmente hablando, todo sonó a la perfección. Las voces, perfectamente acopladas, pusieron de manifiesto la genialidad de la partitura y transportaron al respetable a la gran sabana africana desde el minuto 0. Se debe tener presente que parte del elenco es de color, y eso se nota y se siente en los timbres tan característicos, además de aportar visualmente mayor autenticidad.

La adaptación del texto me pareció correctísima. Por fin tenemos unas letras que recogen la esencia y contenido de lo que se ha querido transmitir y decir en inglés. Si bien es cierto que queda poco de las canciones de la película, no debemos olvidar que estamos ante una adaptación teatral, que poco o nada tiene que ver con el film en cuanto a concepto y léxico, amén de que esto es teatro, y no cine, y por lo tanto, la comunicación y lenguaje con el público han de ser necesariamente diferentes. Jordi Galcerán ha hecho un buen trabajo, orquestando con naturalidad y fluidez diálogo y canciones, evitando ripios y rimas facilonas, y madurando un texto cuyo contenido podría haber caído en infantilismos innecesarios, tal y como sucedió en su día con la adaptación española de la película.

En cuanto a las diferencias con el resto de producciones, cabe indicar que son imperceptibles y sólo apreciables para los que ya han visto el espectáculo en otro país. A mi, personalmente me han parecido mínimas y me han ayudado a entender que la espectacularidad de esta obra no reside en si la “gran roca” sale o no del foso o la “sabana humana” aparece de una forma u otra. Lo importante es que esta producción tiene roca y tiene sabana, y Disney ha sabido introducir estos elementos de una manera diferente pero igualmente sorprendente y espectacular.

Mi único “pero” a esta adaptación, es haber prescindido del suelo hidráulico, que en los momentos corales, provoca la leve inclinación del escenario con el propósito de crear una mayor perspectiva de cara al público que está en la platea, y evitar la posible sensación de caos que pudiera producir un número tan elevado de artistas sobre las tablas. También, este efecto no incluido, impide que los que estén en el patio de butacas disfruten de cómo el gran lago se seca o cómo yace muerto Mufasa. Tal vez, este sea el único elemento técnico que hubiera peleado e intentado tener, aunque si bien es cierto, su ausencia, no es obstáculo para el desarrollo narrativo, ni desmerece en nada el resultado final.

En cuanto al reparto, estamos ante una torre de babel, impregnada de multiculturalidad y colores, que llenan la obra de acentos sonoros que, en mi modesta opinión, enriquecen aún más esta adaptación, acercándola a lo que se puede oír sobre el escenario en otros países.
Llegando a la cima de esa torre, nos encontramos con Daniela Pobega (Nala), que además de bella, tiene una voz penetrante y perfecta para su papel, y Carlos Rivera (Simba), con un timbre de voz dulce, y enérgico, cuando la escena así lo requiere, además de guapo y una planta notable. David Comrie interpreta a Mufasa de una manera sobria e imponente, sonando mucho mejor cuando canta que cuando interpreta, pero sonando bien en su conjunto, que es lo que cuenta.
Destacar por supuesto a Esteban Oliver, que nos presenta a un Zazu trabajado y al que ha sabido dotar de alma con sus movimientos, tonos de voz, expresiones y maneras de decir las cosas, y que ponen de manifiesto el gran actor que da vida a este toco de pico rojo.

Sería injusto no mencionar a Brenda ‘Brinzo’ Mholongo, que aunque acostumbrada al papel, nos presenta a una Rafiki de voz prodigiosa y que consigue ponerte el vello de punta cada vez que aparece en escena además de arrancar aplausos interminables.

Pero, sin duda, la guinda del pastel la aporta un grandioso Sergi Albert que aprovechando sus dotes interpretativas, su voz, sus grandes ojos azules y, secundariamente, los recursos técnicos de la obra (luces, sombras, sonidos, escenografía, etc.), nos regala un Scar diferente, fascista, sin alma, muy europeo, cargado de riesgo por su ambigüedad e interpretado prodigiosamente, logrando alcanzar momentos de cruel belleza y escenas que te las lanza con violencia y clava en la retina.
El punto tierno lo ponen los jóvenes leoncitos, que lo hacen muy pero que muy bien. Ya he visto dos repartos diferentes de críos y ambos me han encantado.

En cuanto al dúo de Timón y Pumba, no tengo nada que objetar. A mi personalmente me gustaron y me hicieron reír. Las licencias “made in spain” en este sentido es algo que no me sorprende pues se incorporan en todas las producciones, y en el caso que nos ocupa, me consta que han sido sobradamente estudiadas y probadas. Es cierto que pudieran chocar, y entendible que haya personas a quienes este aspecto no agrade lo suficiente, pero si algo puedo afirmar es que no vulgarizan la obra ni le restan valor a la misma, más si tenemos en cuenta que ambos actores, David Ávila y Albert Gracia, transmiten química y arrancan aplausos con sus ocurrencias.

Por último, lanzar un ¡BRAVO! al equipo técnico, cuerpo de baile y demás integrantes de la compañía, ya que sin ellos, nada de esto funcionaría.

Poco puedo decir que no haya dicho ya. Este es sin duda un espectáculo creativo, maravillosamente ejecutado,  apto para todos los gustos y que, al menos una vez en la vida,  deberíamos intentar disfrutar porque, sencillamante,  no hay nada igual. Y es que, en definitiva, "El Rey León" encierra y emana arte, pero de ese arte que te conmueve, que te hace  cosquillas y que se queda contigo a vivir para siempre.

 

lunes, 3 de octubre de 2011

LLAMA UN INSPECTOR


John Boynton Priestley, conocido como J.B. Priestley, fue un escritor, dramaturgo, locutor y activista político británico que publicó 27 novelas, entre las que destaca “The Good Companions”, y numerosas obras de teatro como “Llama un Inspector”.

Pristley, influenciado por las teorías de John William Dunne sobre los sueños premonitorios y la percepción no lineal del tiempo, escribió una serie de obras conocidas como “Time Plays” en donde plasmaba teatralmente los conceptos de Dunne y en las que la trama no seguía una línea temporal cronológica. Claro ejemplo de ello fueron Time and the Conways y I Have Been Here Before, ambas de 1937. Pero sin lugar a dudas, su obra más emblemática y con la que encandiló y sigue encandilando al público del West End Londinense es “An Inspector Calls” (Llama un Inspector) , siendo hoy por hoy, todo un clásico en las carteleras de medio mundo y una obra obligada para los amantes del teatro.

En esta ocasión, Josep Maria Pou dirige y protagoniza esta obra de intriga y suspense  que da comienzo con  una cena en la casa de la familia Birling. Se está celebrando el compromiso entre Sheila, la hija de la Sr. y Sra. Birling, y Gerald Croft. Sorpresivamente aparece el Inspector Goole. Éste les informa de que una joven se ha suicidado con un desinfectante. Con el transcurrir de la obra, se descubre que todos los integrantes de la familia, incluido el novio, tuvieron alguna relación con esa chica y que, de alguna manera, son responsables del trágico final de la joven. Tras el interrogatorio y marcha del inspector,  se dan cuenta de que no existe ningún Inspector Goole,  que ninguna joven murió en la enfermería y que todo, parece ser  una broma de un loco. Sin embargo, cuando aún celebran entre risas lo sucedido, una llamada inesperada al Sr. Birling les advierte de la inminente visita de un inspector de policía para interrogarles sobre la reciente muerte de una joven que ha ingerido un líquido corrosivo.

Pou dirige con destreza esta obra maestra y además de entretenernos, nos enseña a todos que estamos ante un texto cuya construcción formal es un prodigio de la dramaturgia contemporánea.  También consigue que la trama avance sin grietas, sin fallos, como un mecanismo de relojería perfecto al tiempo que crea un ambiente de suspense que en ningún momento eclipsa el mensaje social de la obra y que se clava en nuestras cabezas, aún mucho después de salir del teatro, y es que Pou nos tatúa sin dolor la idea de que  todos formamos parte del mismo mundo, que es sólo uno, y somos plenamente responsables de todo aquello que les pasa a las personas que se hallan en él.  
El resto de actores estuvieron a la altura. Con interpretaciones sobrias, casi de método y muy creíbles, arropados por una escenografía de calidad, imponente y alejada de elementos de tercera, de esos que huelen a cartón piedra, y que le restan calidad a la obra. También reseñar la notable iluminación y unos figurines impecables.
Tal vez el único “pero” de esta función es el teatro donde se representa; La Latina. Un teatro que, en mi modesta opinión, no está para nada a la altura de una función de esta calidad y que cuenta con un público de domingo abonado y acostumbrado al vodevil y la revista, y que deberían tener claro que Pou no es Lina, y que la obra no acaba con un desfile de vedettes bajando por una escalera.
La obra termina sus representaciones esta misma semana. Espero que regrese y que siga llenando el teatro porque se lo merece.
En lo que a mi respecta, confío en que Pou no deje de hacernos estos regalos de vez en cuando y yo continúe enamorándome de todo lo que hace y toca este señor tan GRANDE.

viernes, 23 de septiembre de 2011

"LA CAIDA DE LOS DIOSES": ¿La caída de un mito?




Confieso,  sin pudor alguno, mi amor por la obra de Pandur desde que su particular “INFIERNO” me dejara sin apenas respiración en una butaca del María Guerrero. Desde entonces, he seguido con devoto interés todo lo que ha caído en sus manos.
Pandur, nació en Eslovenia. Allí se graduó en la Academia de Teatro, Cine y Televisión de Ljubljana y dirigió el Teatro Nacional de Maribor, de 1989 a 1996. Ha vivido en Nueva York, Hamburgo, México , y también en Madrid, ciudad por la que siente fascinación.

Muchos críticos han dicho de este director, que ha inventado un nuevo lenguaje teatral y le han elevado a Dios de la escena. Otros, le consideran un simple iconoclasta en cuya obra prima la “estética” por encima de todo lo demás, dejando vacío de contenido los elementos que convergen sobre las tablas.

Desde mi humilde opinión, nada en el teatro de Pandur es gratuito y su “arte” reside en la virtud de deconstruir  analíticamente los elementos de un texto que constituyen una estructura conceptual para llegar a un mundo de imágenes casi perfectas que la mayoría de las veces pueden hablar y contar la historia sin necesidad de palabras.

Ahora, tomando como referencia la obra de Visconti,   La Caída de los Dioses”,  Pandur se atreve con esta brutal historia, al más puro estilo Shakespeare, de una forma inédita y muy cinematográfica.
Pandur estrenó este montaje, con Belén Rueda en el papel que hacía Ingrid Thulin y Pablo Rivero en el de Helmut Berger, el pasado marzo en Valladolid y de ahí ha ido al Festival de Liubliana (Eslovenia) y al Festival Grec de Barcelona, antes de recalar en las Naves del Español en el Matadero, donde había dejado un listón altísimo con su inolvidable montaje de HAMLET, interpretado magistralmente por Blanca Portillo.

Una vez más, Pandur me ha sorprendido con su planteamiento preciosista, original y sobre todo, muy cinematográfico de esta adaptación, pero en honor a la verdad, se ha equivocado con la dirección de actores, o simplemente, con el reparto elegido. En esta ocasión, el montaje, más sencillo que sus antecesores, arrasa sin compasión con un conjunto de interpretaciones carentes de fuerza, matices y en ocasiones, ridículas por parte de los que soportan mayor protagonismo; cuanto menos sorprende, dada la calidad y el nombre de los que componen a los aristocráticos Essenbeck. Tal vez, habría que sacar de este saco a un inquietante Emilio Gavira y a Pablo Rivero, que en contadas ocasiones, logra ponerte la piel de gallina.

No logro entender la torpeza de Pandur a la hora de elegir el reparto o dirigir a estos actores. Tal vez el montaje le haya cegado o tal vez su imperfección de español le impida apreciar la artificialidad de un tono interpretativo. A pesar de todo esto, la obra merece la pena ya que pocas veces se pueden ver montajes tan bellos; una iluminación excepcional, un vestuario impecable, una música en directo que, pese a lo criticada que ha sido, a mi me pareció necesaria y ajustada al concepto cinematográfico que nos plantea el director, y así un largo etc.



Para concluir, sólo puedo decir que para los que nunca hayan disfrutado de Pandur, esta es la ocasión perfecta de adentrarse en su mundo. Para los que ya le conozcan, no hay mejor momento que este para darse cuenta de que también los genios se equivocan.

miércoles, 17 de agosto de 2011

LA GRAN DEPRESIÓN




Desde hace ya algo más de un mes, podemos ver en el teatro Infanta Isabel “La Gran Depresión”; una obra escrita y dirigida por Nuria Ayaso y Felix Sabroso. Estamos ante una comedia que comprime todo lo mejor y lo peor de estos dos directores de cine que han sabido plasmar en un texto, desde mi punto de vista “notable” (aunque con matices),   aquellos elementos, recursos, guiños, referentes (sobre todo a Almodovar), estilos, colores, temas y maneras que durante todos estos años han ido componiendo su filmografía.

Esta es una comedia de mujeres, que en palabras del propio Felix Sabroso, “homenajea a la alta comedia de los cincuenta, reinventados en los ochenta”. La función está escrita, sin  ningún género de dudas, por y para las dos protagonistas; Bibiana Fernández y Loles León, que durante hora y media, se interpretan a sí mismas y regalan al público, con gran generosidad un vodevil rosa, de lentejuelas, divertido y muy marica, lejos de reflexiones profundas, dobles lecturas e interpretaciones magistrales, que no tendrían cabida en una función de estas características.

Me sorprendió la capacidad que estos dos personajes mediáticos tienen para saber, desde el minuto "0", provocar la carcajada entre los asistentes, y mantener ese estado sin que decaiga la sonrisa en ningún momento. Parte de culpa la tiene el buen hacer de Nuria y Felix, que han sabido mezclar con frescura y gracia, sus siempre recurrentes, y puede que ya algo “demodé”, temas de pastillas, alcohol, suicidios, operaciones de estéticas, pistolas, abandonos, envidias. A ello hay que añadir  una dirección teatral en la que “no hay dirección” y donde con inteligencia, Nuria y Felix, han sabido dejar que las dos “comediantes” hagan lo que les de la gana sobre las tablas, eso sí, recordándoles que deben poner voz al texto, aunque sin necesidad de matices,  como si estuvieran hablando entre ellas.

La obra no tiene trampa ni cartón. No pretende lanzar un mensaje existencial o abrir un debate social sobre la “soledad y los sentimientos de la mujer”. Esta obra da lo que la gente espera y desea; ver a dos personajes mediáticos, “showgirls”, populares por su personalidad y que en esta ocasión, en vez de verlas por la pequeña pantalla opinando o debatiendo, nos brindan la oportunidad de tenerlas a escasos metros y observarlas haciendo lo que siempre hacen, y lo que hacen, lo hacen muy bien.

Aún con todo,  eché de menos una dirección teatral: las actrices hablan dirigiéndose al público y no entre ellas. Los diálogos carecen de pausas y silencios y ello provoca que sean muchas las ocasiones en las que ambas compañeras se pisan entre sí. También sería muy necesario controlar los “tics”, excesivos y abusivos por parte de ambas y tal vez, eliminar esos momentos “playbacks” que no aportan mucho salvo la risa ante el desconcierto de no entender “a cuento de qué” se ponen a cantar.

Estas observaciones, a mi modo de ver, resultan positivas ya que pienso que estamos ante un producto necesario en nuestro teatro  que la gente demanda, y que si se logra pulir, podríamos estar ante una nueva era teatral de la “alta comedia”  a la que referencia Felix, y en la que ambos directores, se podrían coronar como los reyes.

jueves, 21 de abril de 2011

IMPRESIONES SOBRE "LA AVERÍA"





Pintor y  escritor nacido en Konolfingen ,  Friedrich Dürrenmatt  ante todo fue un gran autor teatral que escribió en lengua alemana la mayoría de sus obras.

 “La Avería” es una adaptación  hecha de un cuento corto en el que Dürrenmatt, teniendo presente su pasión por la filosofía y las novelas policiacas,   propone un inquietante debate entre la objetividad de la ley y la subjetividad de la justicia. Partiendo de esta premisa, la obra da comienzo con la avería de un coche en un pueblo perdido y la necesidad de su dueño (comerciante de oficio) de aceptar la invitación de un anciano a alojarse en su casa hasta la mañana siguiente en la que el vehículo ya estará listo, pudiendo así continuar su camino.

Durante la cena, en la que el joven vendedor será tentado, y caerá entre otros, en el pecado de la gula, presenciaremos el encuentro de éste con un grupo de ancianos ya jubilados,  que acuden cada semana a la casa y realizan un intrigante y peligroso juego consistente en revivir sus antiguas profesiones, todas ellas relacionadas con el mundo de la justicia. Esta cena supone un "acto de reflexión" y en ella se examinan conceptos éticos tales como la honestidad, la amistad, la envidia o el odio, invitándonos a recapacitar acerca de la importancia o no que tienen nuestros objetivos en la vida.  Dicho así, la obra parece complicada, y lo es, sobre todo la primera media hora. Durante 120 minutos nos bombardean con preguntas que nos hacen reflexionar sobre la gran contradicción y lucha permanente entre la ley y la justicia para, finalmente, encontrar las respuestas en forma de sorprendente,  a la par que predecible, final; todos peleamos por nuestros objetivos y nos abrimos paso, si es necesario a codazos y pisotones. Esto es algo legítimo que no atenta contra la ley, pero ¿es justo?. Igualmente fijamos una edad en la que imperativamente nos obligan a dejar nuestros puestos de responsabilidad y se nos aparta del mundo laboral relegándonos a un mundo oscuro próximo a la muerte, casi negándonos la integración social, lo cual también es algo legal, pero ¿resulta justo?. Sí, sí, estas preguntas, conforme avanza la obra,  te las vas haciendo en tu cabeza según asimilas el texto que escuchas.

Tengo que destacar el magistral trabajo de actores, que lejos de los 80 y 90 años de sus personajes, se transmutan y convierten en auténticos ancianos, dotando a cada uno de ellos de personalidad, cuerpo y alma. Todos, sin excepción están maravillosos aunque he de reconocer mi debilidad por Asier Etxeandia, al que sigo y admiro desde su magistral interpretación de Emcee en la versión que Sam Mendes hizo de Cabaret. Como contrapunto también destacar la brillante actuación de José Luis García-Pérez y una irreconocible Emma Suárez.

En cuanto a la dirección, creo que Blanca Portillo nos ha regalado un trabajo limpio, honesto, bello y muy teatral. Quienes la hemos seguido como actriz, hemos apreciado claramente como Blanca ha sabido incorporar a esta obra todo lo aprendido de los grandes directores (Narros, Pandur, Lavelli, Almodovar, etc) que han tenido la fortuna de poder dirigir a la actriz. Eso dice mucho a favor de la Portillo, quien ya “apunta maneras” y con casi toda seguridad, acabará estando, entre los genios que cité con anterioridad. De momento, ya está entre las mejores actrices, si no la mejor.
Pero no todo es bueno en “La Avería”. Personalmente no me ha entusiasmado el tema del maquillaje. Posiblemente no era necesario ese abuso del latex. Tampoco creo que el espacio escénico del Matadero sea el más indicado para esta obra ya que la bonita escenografía planteada por Andrea D´Odorico se pierde en la inmensidad de la nave, algo que con seguridad se pronuncia aún más según te vas alejando de las primeras filas debido a que el patio de butacas se plantea en forma de gradas,  alcanzando una considerable altura que, no sólo te permitirte visionar el escenario, sino que además te invita a la distracción  al imponer ante tus ojos el resto del espacio que en esta ocasión no se utiliza como en su día se hizo,  por ejemplo,  en el Hamlet de Pandur.

“La Avería” gustó y mucho. Una larga ovación terminó con la puesta en pie del respetable, algo que me agradó ya que la representación lo merecía. Sin lugar a dudas, una función que podrá presumir de estar entre las mejores de la temporada.

lunes, 18 de abril de 2011

AHORA SÍ QUE SÍ


 Ahora sí que sí, Madrid promete, España promete en cuanto a producciones en cartel. Parece que por fin el género musical de alto nivel se fortalece en nuestro país y consigue arrastrar a miles de personas a los teatros, muchas de ellas provenientes de diferentes puntos geográficos que incluyen entre sus planes de fin de semana, vacaciones o viaje de negocios, la visita a un musical.
La consolidación sin duda será más que efectiva y se producirá con la apertura en septiembre de la temporada 2011-2012. Desde hace ya algunos años, en los que coincidieron en cartel tres sobresalientes producciones de STAGE, “Cabaret”, “El Fantasma de la Ópera” y “Cats”, la cartelera Madrileña no había vuelto a reunir una amalgama de grandes títulos internacionalmente reconocidos del género. Parece que ahora, emergen con fuerza productoras que intentan arrancar el monopolio de los musicales a STAGE Entertainment, tras comprobar que, con dinero, riesgo, esfuerzo y una buena elección, el público responde masivamente de manera incondicional y casi,  obviando el elevado precio que cuesta una entrada.
Títulos como los mencionados con anterioridad, han abierto camino. Alguno de ellos, de haber sido estrenados en el momento actual, hubieran logrado un éxito mayor al que en su día obtuvieron; tal vez ese haya sido el precio necesario a pagar por haber llegado en un periodo en el que la gente aún no sabía quién era Webber o qué era “CATS”.
Tras el apabullante éxito de “Los Miserables”, que en septiembre viajará a Barcelona, Madrid abre sus puertas al que será, sin lugar a dudas, el rey de los musicales y que marcará, si las previsiones no fallan, un antes y un después en la historia del teatro en nuestro país; “El Rey León” irrumpe con fuerza en la Gran Vía. Nunca antes se había presentado con tanta antelación un espectáculo de tal envergadura y coste (ya están reformando el teatro Lope de Vega para poder dar cabida a la escenografía). Tampoco se había abierto la venta de entradas de forma tan anticipada (8 meses vista del estreno),  y lo mejor de todo, hasta el momento, no se ha visto nada igual, ni siquiera parecido, en nuestro país. 

Acompañarán a “El Rey León” otros musicales, algunos de ellos avalados por un gran éxito internacional. Sin lugar a dudas “Hairspray” conquistará al público español con su gracia, su puesta en escena, su color, simpatía y sobre todo por su música que irradia frescura y ritmo, y gusta de principio a fin. Aún no se sabe mucho, salvo que detrás está la productora “Videomedia” y el montaje será el mismo que se pudo ver hace unos años en Broadway (bravo), lo cual reporta tranquilidad y garantiza la calidad de un espectáculo que en sí es ya una joya. Os adelanto que en breve colgaré un artículo en el que explico el por qué no podemos dejar de ver “Hairspray”.

También se estrenará como competencia a “El Rey León”, el musical “Shrek”. En esta ocasión la producción corre por cuenta de Teatre Properties y el irregular Tomás Padilla. A pesar de estar detrás “DreamWorks” , parece ser que tan sólo se han vendido los derechos y todo apunta a que  la dirección caerá en manos del multidisciplinar productor con el consiguiente riesgo de presenciar, una vez más, un montaje cutre protagonizado por el cada vez más operado Miguel Ángel Gamero, (omnipresente en todo lo que hace Padilla),  y muy alejado de la producción original estrenada en Broadway. ¡¡ Dios, espero estar equivocado en todo y que nada de lo que aquí afirmo se haga realidad ¡¡
Regresando a La Gran Vía, ésta recibe, aún por determinar fechas, a “Hair”, musical mítico estrenado la pasada temporada en Barcelona con discreto éxito y pésima dirección,  y que se ubicará por temporada limitada en el ahora malogrado Teatro Coliseum (huele a fracaso). También, oliendo a fracaso, abrirán temporada otoñal las “Más de 100 mentiras”, musical inspirado en las canciones de Joaquín Sabina y que llegará de la mano de Drive Entertainment, SL. De este musical, prefiero no opinar, lo cual lo dice todo. No soy partidario del concepto que tiene esta productora de cómo hacer musicales pero sin lugar a dudas merecen todos mis respetos ya que a ellos hay que agradecerles haber dado a conocer este género a un público joven. También a ellos hay que agradecerles el que para mí ha sido el mejor musical del 2011, “Avenue Q”, musical que según rumores, volverá en septiembre a Madrid, esta vez a la Gran Vía,  sitio que siempre mereció ocupar.

Tal vez aún no esté todo dicho y se confirmen en breve nuevas sorpresas para la próxima temporada. En su día Drive avisó que contaba con los derechos de una producción de éxito en Broadway y que pondría en pie tras “Avenue Q”. Además continuarán de gira por tierras ibéricas “Chicago” y la incombustible “Mamma Mia ¡”.
Es fácil darnos cuenta de que algo ha cambiado en este país y de que existe un nuevo concepto del teatro que gusta y atrae al público en masa a ocupar los patios de butacas. De todo ello se han dado cuenta las productoras que confirman la existencia de un mercado que responde aún en los peores momentos de crisis pero al que no le puedes dar “gato por liebre”. También deben darse cuenta de ello los actores, presentes y futuros que, ante esta nueva alternativa, deberán ponerse las pilas y ampliar sus conocimientos académicos.
La consolidación del musical por tanto es más que patente. Se puede evidenciar contemplando la cartelera y los títulos que colgarán en breve por todo Madrid. Las producciones son mayores, la competencia también lo es. Las obras comienzan a exigir de actores especializados, con determinadas características físicas, vocales, multirraciales, de todas las edades y condición. Ahora ya no vale cualquiera,  simplemente porque ahora ya no vale todo.


miércoles, 6 de abril de 2011

¿CIRCO O TEATRO?


Tras casi seis años de espera (fecha del estreno mundial) y tres meses desde que compré las entradas, por fin llegó el ansiado día de ver la nueva propuesta del Cirque du Soleil en España, Corteo. Sin lugar a dudas, Corteo es el espectáculo más teatral del Circo del Sol, lo cual de entrada sorprende ya que se aleja bastante del concepto abstracto al que nos tiene acostumbrado y nos hace viajar de principio a fin por un espacio imaginario que gira alrededor de la muerte y está cargado de referencias y personajes terrenales.

Para comenzar ese viaje, el Gran Chapiteau se propone y logra con éxito trasladarnos a un lugar indeterminado del mediterráneo mientras caminamos por su interior con destino a la butaca. El ambiente que se respira es el de una feria de verano, con sus bombillas y faroles, y el murmullo del público que comenta con admiración la belleza del espacio recreado por Jean Rabasse, escenógrafo del espectáculo.
En cuanto uno se sienta, de forma imperceptible volvemos a viajar, pero esta vez a una ciudad de centro europa. Ahora la sensación es la de estar en el interior de un teatro de la ópera y disponernos a presenciar "Don Giovani".


Dos telones descomunales inspirados en cuadros pertenecientes a la exposición "The Great Parade: Portrait of the Artist as Clown", dominan imperiosamente el escenario que no está exento y a la vista del público como es costumbre en esta compañía. En esta ocasión, la pista su ubica en el medio del Gran Chapiteau y los espectadores a ambos lados. Hay dos plataformas giratorias, y en ellas se dibuja un laberinto que reproduce exactamente el que se encuentra en la catedral francesa de Chartres.

A escasos cinco minutos del comienzo, aparecen interactuando con el público todos los personajes de Corteo, poniendo de manifiesto lo que vamos a presenciar; un palmario homenaje al mundo tradicional del payaso. A partir de ese mismo momento se ejecuta con precisión un auténtico cócktel en el que se mezclarán los universos de Browning, Fellini y Lynch, las pinturas de El Bosco, Magritte y Picasso, las óperas de Vivaldi, Monteverdi y Handel, "La Divina Comedia" de Dante, al tiempo que se nos desquebraja el concepto artístico habitual del Circo del Sol, el circo de los mundos estrambóticos y marcianos habitados por seres fantásticos creados a base de vestuarios y maquillajes excesivos (recuérdese Alegría Quidan o Varekai).


Ahora, en Corteo, sus habitantes son hombres de carne y hueso, mortales, comprometidos con el arte, la comedia y en un ultimísimo lugar, el circo.

Corteo arranca con el funeral de un payaso que a su vez observa lo que sucede a su alrededor; su velatorio acontece en un ambiente festivo y carnavalesco, bajo la presencia de unos ángeles de la guarda que vigilan en silencio desde el cielo, y la compañía circense al completo (el jefe de pista, un gigante, dos enanos, payasos, trapecistas, etc).


Durante dos horas se producirá en el interior del circo un bombardeo imparable de imágenes oníricas, de brutal plasticidad y belleza, cargadas de poesía y arte, con momentos visualmente impactantes que se incrustan en tu retina y te provocan escalofríos. Camas y bicicletas que vuelan, zapatos que caminan solos, acrobacias en lámparas gigantes de araña suspendidas en el vacío, un payaso haciendo funambulismo cabeza abajo portando dos candelabros en cada mano mientras atraviesa a gran altura la pista, y así podría seguir y seguir. Pero sí quisiera destacar dos momentos insuperables, de esos que te hacen vibrar y a mi incluso lanzar alguna lágrima. Uno de ellos, el instante en el que el payaso fallecido (interpretado genialmente por el actor italiano Mauro Mozzani) recibe sus alas de ángel y aprende a volar; espectacular. El otro, la interactuación entre Mozzani, la diminuta acróbata enana, ésta colgada de un ramillete de globos gigantes, y el público; bellísimo. Y es que en Corteo se produce un hermanamiento entre lo grande y lo pequeño, lo ridículo y lo trágico, la magia y la realidad, lo perfecto y lo imperfecto, todo ello en un nivel estraño, impreciso entre el cielo y el mundo terrenal.


Daniele Finzi Pasca, ha realizado una dirección magistral de un espectáculo en el que se rinde homenaje al mundo del circo más clásico a través del arte del teatro. Es posible que en algunos momentos, su trabajo peque de barroco y esto provoque un abuso de elementos escénicos y personajes en la pista que pudieran restar protagonismo al número principal que en esos momentos se está ejecutando. Ello no significa que Finzi adorne con gratuidad los acontecimientos pero sí exige de los presentes un proceso de información difícilmente asimilable en un primer visionado para los no expertos. Con esto no pretendo afirmar que la gente no entienda lo que ve pero sí es posible que haya cosas que pasen inadvertidas, lo cual es una lástima, más si tenemos en cuenta que todo, absolutamente todo, es bellísimo.


Quien espere de Corteo una correlación de números circenses, a cual más sorprendente, tendrá una gran decepción. El Circo, de forma intencionada, queda en un segundo plano. Incluso los números acrobáticos en esta ocasión no son especialmente espectaculares. Son los de toda la vida sin apenas "un más difícil todavía" pero que siempre provocan admiración y sorpresa, perfectamente integrados en la trama de la histora y cargados más que nuca de poesía, porque a diferencia de otros espectáculos, en Corteo, se dispara a bocajarro al espectador tocándole la fibra sensible, no precisamente con el deslumbramiento de un número bien ejecutado sino con la belleza de un espectáculo bien dirigido. Aquí no hay elementos abstractos, imaginarios, indefinibles ni números imposibles, inexplicables, cargados de riesgo. Aquí no hay maquillajes ni vestuarios que te alejen de la realidad. Aquí la magia se logra porque todo es tal cual, terrenal, cercano, pero sobre todo,  poético y muy humano. En definitiva, ARTE en estado puro.