viernes, 23 de septiembre de 2011

"LA CAIDA DE LOS DIOSES": ¿La caída de un mito?




Confieso,  sin pudor alguno, mi amor por la obra de Pandur desde que su particular “INFIERNO” me dejara sin apenas respiración en una butaca del María Guerrero. Desde entonces, he seguido con devoto interés todo lo que ha caído en sus manos.
Pandur, nació en Eslovenia. Allí se graduó en la Academia de Teatro, Cine y Televisión de Ljubljana y dirigió el Teatro Nacional de Maribor, de 1989 a 1996. Ha vivido en Nueva York, Hamburgo, México , y también en Madrid, ciudad por la que siente fascinación.

Muchos críticos han dicho de este director, que ha inventado un nuevo lenguaje teatral y le han elevado a Dios de la escena. Otros, le consideran un simple iconoclasta en cuya obra prima la “estética” por encima de todo lo demás, dejando vacío de contenido los elementos que convergen sobre las tablas.

Desde mi humilde opinión, nada en el teatro de Pandur es gratuito y su “arte” reside en la virtud de deconstruir  analíticamente los elementos de un texto que constituyen una estructura conceptual para llegar a un mundo de imágenes casi perfectas que la mayoría de las veces pueden hablar y contar la historia sin necesidad de palabras.

Ahora, tomando como referencia la obra de Visconti,   La Caída de los Dioses”,  Pandur se atreve con esta brutal historia, al más puro estilo Shakespeare, de una forma inédita y muy cinematográfica.
Pandur estrenó este montaje, con Belén Rueda en el papel que hacía Ingrid Thulin y Pablo Rivero en el de Helmut Berger, el pasado marzo en Valladolid y de ahí ha ido al Festival de Liubliana (Eslovenia) y al Festival Grec de Barcelona, antes de recalar en las Naves del Español en el Matadero, donde había dejado un listón altísimo con su inolvidable montaje de HAMLET, interpretado magistralmente por Blanca Portillo.

Una vez más, Pandur me ha sorprendido con su planteamiento preciosista, original y sobre todo, muy cinematográfico de esta adaptación, pero en honor a la verdad, se ha equivocado con la dirección de actores, o simplemente, con el reparto elegido. En esta ocasión, el montaje, más sencillo que sus antecesores, arrasa sin compasión con un conjunto de interpretaciones carentes de fuerza, matices y en ocasiones, ridículas por parte de los que soportan mayor protagonismo; cuanto menos sorprende, dada la calidad y el nombre de los que componen a los aristocráticos Essenbeck. Tal vez, habría que sacar de este saco a un inquietante Emilio Gavira y a Pablo Rivero, que en contadas ocasiones, logra ponerte la piel de gallina.

No logro entender la torpeza de Pandur a la hora de elegir el reparto o dirigir a estos actores. Tal vez el montaje le haya cegado o tal vez su imperfección de español le impida apreciar la artificialidad de un tono interpretativo. A pesar de todo esto, la obra merece la pena ya que pocas veces se pueden ver montajes tan bellos; una iluminación excepcional, un vestuario impecable, una música en directo que, pese a lo criticada que ha sido, a mi me pareció necesaria y ajustada al concepto cinematográfico que nos plantea el director, y así un largo etc.



Para concluir, sólo puedo decir que para los que nunca hayan disfrutado de Pandur, esta es la ocasión perfecta de adentrarse en su mundo. Para los que ya le conozcan, no hay mejor momento que este para darse cuenta de que también los genios se equivocan.

miércoles, 17 de agosto de 2011

LA GRAN DEPRESIÓN




Desde hace ya algo más de un mes, podemos ver en el teatro Infanta Isabel “La Gran Depresión”; una obra escrita y dirigida por Nuria Ayaso y Felix Sabroso. Estamos ante una comedia que comprime todo lo mejor y lo peor de estos dos directores de cine que han sabido plasmar en un texto, desde mi punto de vista “notable” (aunque con matices),   aquellos elementos, recursos, guiños, referentes (sobre todo a Almodovar), estilos, colores, temas y maneras que durante todos estos años han ido componiendo su filmografía.

Esta es una comedia de mujeres, que en palabras del propio Felix Sabroso, “homenajea a la alta comedia de los cincuenta, reinventados en los ochenta”. La función está escrita, sin  ningún género de dudas, por y para las dos protagonistas; Bibiana Fernández y Loles León, que durante hora y media, se interpretan a sí mismas y regalan al público, con gran generosidad un vodevil rosa, de lentejuelas, divertido y muy marica, lejos de reflexiones profundas, dobles lecturas e interpretaciones magistrales, que no tendrían cabida en una función de estas características.

Me sorprendió la capacidad que estos dos personajes mediáticos tienen para saber, desde el minuto "0", provocar la carcajada entre los asistentes, y mantener ese estado sin que decaiga la sonrisa en ningún momento. Parte de culpa la tiene el buen hacer de Nuria y Felix, que han sabido mezclar con frescura y gracia, sus siempre recurrentes, y puede que ya algo “demodé”, temas de pastillas, alcohol, suicidios, operaciones de estéticas, pistolas, abandonos, envidias. A ello hay que añadir  una dirección teatral en la que “no hay dirección” y donde con inteligencia, Nuria y Felix, han sabido dejar que las dos “comediantes” hagan lo que les de la gana sobre las tablas, eso sí, recordándoles que deben poner voz al texto, aunque sin necesidad de matices,  como si estuvieran hablando entre ellas.

La obra no tiene trampa ni cartón. No pretende lanzar un mensaje existencial o abrir un debate social sobre la “soledad y los sentimientos de la mujer”. Esta obra da lo que la gente espera y desea; ver a dos personajes mediáticos, “showgirls”, populares por su personalidad y que en esta ocasión, en vez de verlas por la pequeña pantalla opinando o debatiendo, nos brindan la oportunidad de tenerlas a escasos metros y observarlas haciendo lo que siempre hacen, y lo que hacen, lo hacen muy bien.

Aún con todo,  eché de menos una dirección teatral: las actrices hablan dirigiéndose al público y no entre ellas. Los diálogos carecen de pausas y silencios y ello provoca que sean muchas las ocasiones en las que ambas compañeras se pisan entre sí. También sería muy necesario controlar los “tics”, excesivos y abusivos por parte de ambas y tal vez, eliminar esos momentos “playbacks” que no aportan mucho salvo la risa ante el desconcierto de no entender “a cuento de qué” se ponen a cantar.

Estas observaciones, a mi modo de ver, resultan positivas ya que pienso que estamos ante un producto necesario en nuestro teatro  que la gente demanda, y que si se logra pulir, podríamos estar ante una nueva era teatral de la “alta comedia”  a la que referencia Felix, y en la que ambos directores, se podrían coronar como los reyes.

jueves, 21 de abril de 2011

IMPRESIONES SOBRE "LA AVERÍA"





Pintor y  escritor nacido en Konolfingen ,  Friedrich Dürrenmatt  ante todo fue un gran autor teatral que escribió en lengua alemana la mayoría de sus obras.

 “La Avería” es una adaptación  hecha de un cuento corto en el que Dürrenmatt, teniendo presente su pasión por la filosofía y las novelas policiacas,   propone un inquietante debate entre la objetividad de la ley y la subjetividad de la justicia. Partiendo de esta premisa, la obra da comienzo con la avería de un coche en un pueblo perdido y la necesidad de su dueño (comerciante de oficio) de aceptar la invitación de un anciano a alojarse en su casa hasta la mañana siguiente en la que el vehículo ya estará listo, pudiendo así continuar su camino.

Durante la cena, en la que el joven vendedor será tentado, y caerá entre otros, en el pecado de la gula, presenciaremos el encuentro de éste con un grupo de ancianos ya jubilados,  que acuden cada semana a la casa y realizan un intrigante y peligroso juego consistente en revivir sus antiguas profesiones, todas ellas relacionadas con el mundo de la justicia. Esta cena supone un "acto de reflexión" y en ella se examinan conceptos éticos tales como la honestidad, la amistad, la envidia o el odio, invitándonos a recapacitar acerca de la importancia o no que tienen nuestros objetivos en la vida.  Dicho así, la obra parece complicada, y lo es, sobre todo la primera media hora. Durante 120 minutos nos bombardean con preguntas que nos hacen reflexionar sobre la gran contradicción y lucha permanente entre la ley y la justicia para, finalmente, encontrar las respuestas en forma de sorprendente,  a la par que predecible, final; todos peleamos por nuestros objetivos y nos abrimos paso, si es necesario a codazos y pisotones. Esto es algo legítimo que no atenta contra la ley, pero ¿es justo?. Igualmente fijamos una edad en la que imperativamente nos obligan a dejar nuestros puestos de responsabilidad y se nos aparta del mundo laboral relegándonos a un mundo oscuro próximo a la muerte, casi negándonos la integración social, lo cual también es algo legal, pero ¿resulta justo?. Sí, sí, estas preguntas, conforme avanza la obra,  te las vas haciendo en tu cabeza según asimilas el texto que escuchas.

Tengo que destacar el magistral trabajo de actores, que lejos de los 80 y 90 años de sus personajes, se transmutan y convierten en auténticos ancianos, dotando a cada uno de ellos de personalidad, cuerpo y alma. Todos, sin excepción están maravillosos aunque he de reconocer mi debilidad por Asier Etxeandia, al que sigo y admiro desde su magistral interpretación de Emcee en la versión que Sam Mendes hizo de Cabaret. Como contrapunto también destacar la brillante actuación de José Luis García-Pérez y una irreconocible Emma Suárez.

En cuanto a la dirección, creo que Blanca Portillo nos ha regalado un trabajo limpio, honesto, bello y muy teatral. Quienes la hemos seguido como actriz, hemos apreciado claramente como Blanca ha sabido incorporar a esta obra todo lo aprendido de los grandes directores (Narros, Pandur, Lavelli, Almodovar, etc) que han tenido la fortuna de poder dirigir a la actriz. Eso dice mucho a favor de la Portillo, quien ya “apunta maneras” y con casi toda seguridad, acabará estando, entre los genios que cité con anterioridad. De momento, ya está entre las mejores actrices, si no la mejor.
Pero no todo es bueno en “La Avería”. Personalmente no me ha entusiasmado el tema del maquillaje. Posiblemente no era necesario ese abuso del latex. Tampoco creo que el espacio escénico del Matadero sea el más indicado para esta obra ya que la bonita escenografía planteada por Andrea D´Odorico se pierde en la inmensidad de la nave, algo que con seguridad se pronuncia aún más según te vas alejando de las primeras filas debido a que el patio de butacas se plantea en forma de gradas,  alcanzando una considerable altura que, no sólo te permitirte visionar el escenario, sino que además te invita a la distracción  al imponer ante tus ojos el resto del espacio que en esta ocasión no se utiliza como en su día se hizo,  por ejemplo,  en el Hamlet de Pandur.

“La Avería” gustó y mucho. Una larga ovación terminó con la puesta en pie del respetable, algo que me agradó ya que la representación lo merecía. Sin lugar a dudas, una función que podrá presumir de estar entre las mejores de la temporada.

lunes, 18 de abril de 2011

AHORA SÍ QUE SÍ


 Ahora sí que sí, Madrid promete, España promete en cuanto a producciones en cartel. Parece que por fin el género musical de alto nivel se fortalece en nuestro país y consigue arrastrar a miles de personas a los teatros, muchas de ellas provenientes de diferentes puntos geográficos que incluyen entre sus planes de fin de semana, vacaciones o viaje de negocios, la visita a un musical.
La consolidación sin duda será más que efectiva y se producirá con la apertura en septiembre de la temporada 2011-2012. Desde hace ya algunos años, en los que coincidieron en cartel tres sobresalientes producciones de STAGE, “Cabaret”, “El Fantasma de la Ópera” y “Cats”, la cartelera Madrileña no había vuelto a reunir una amalgama de grandes títulos internacionalmente reconocidos del género. Parece que ahora, emergen con fuerza productoras que intentan arrancar el monopolio de los musicales a STAGE Entertainment, tras comprobar que, con dinero, riesgo, esfuerzo y una buena elección, el público responde masivamente de manera incondicional y casi,  obviando el elevado precio que cuesta una entrada.
Títulos como los mencionados con anterioridad, han abierto camino. Alguno de ellos, de haber sido estrenados en el momento actual, hubieran logrado un éxito mayor al que en su día obtuvieron; tal vez ese haya sido el precio necesario a pagar por haber llegado en un periodo en el que la gente aún no sabía quién era Webber o qué era “CATS”.
Tras el apabullante éxito de “Los Miserables”, que en septiembre viajará a Barcelona, Madrid abre sus puertas al que será, sin lugar a dudas, el rey de los musicales y que marcará, si las previsiones no fallan, un antes y un después en la historia del teatro en nuestro país; “El Rey León” irrumpe con fuerza en la Gran Vía. Nunca antes se había presentado con tanta antelación un espectáculo de tal envergadura y coste (ya están reformando el teatro Lope de Vega para poder dar cabida a la escenografía). Tampoco se había abierto la venta de entradas de forma tan anticipada (8 meses vista del estreno),  y lo mejor de todo, hasta el momento, no se ha visto nada igual, ni siquiera parecido, en nuestro país. 

Acompañarán a “El Rey León” otros musicales, algunos de ellos avalados por un gran éxito internacional. Sin lugar a dudas “Hairspray” conquistará al público español con su gracia, su puesta en escena, su color, simpatía y sobre todo por su música que irradia frescura y ritmo, y gusta de principio a fin. Aún no se sabe mucho, salvo que detrás está la productora “Videomedia” y el montaje será el mismo que se pudo ver hace unos años en Broadway (bravo), lo cual reporta tranquilidad y garantiza la calidad de un espectáculo que en sí es ya una joya. Os adelanto que en breve colgaré un artículo en el que explico el por qué no podemos dejar de ver “Hairspray”.

También se estrenará como competencia a “El Rey León”, el musical “Shrek”. En esta ocasión la producción corre por cuenta de Teatre Properties y el irregular Tomás Padilla. A pesar de estar detrás “DreamWorks” , parece ser que tan sólo se han vendido los derechos y todo apunta a que  la dirección caerá en manos del multidisciplinar productor con el consiguiente riesgo de presenciar, una vez más, un montaje cutre protagonizado por el cada vez más operado Miguel Ángel Gamero, (omnipresente en todo lo que hace Padilla),  y muy alejado de la producción original estrenada en Broadway. ¡¡ Dios, espero estar equivocado en todo y que nada de lo que aquí afirmo se haga realidad ¡¡
Regresando a La Gran Vía, ésta recibe, aún por determinar fechas, a “Hair”, musical mítico estrenado la pasada temporada en Barcelona con discreto éxito y pésima dirección,  y que se ubicará por temporada limitada en el ahora malogrado Teatro Coliseum (huele a fracaso). También, oliendo a fracaso, abrirán temporada otoñal las “Más de 100 mentiras”, musical inspirado en las canciones de Joaquín Sabina y que llegará de la mano de Drive Entertainment, SL. De este musical, prefiero no opinar, lo cual lo dice todo. No soy partidario del concepto que tiene esta productora de cómo hacer musicales pero sin lugar a dudas merecen todos mis respetos ya que a ellos hay que agradecerles haber dado a conocer este género a un público joven. También a ellos hay que agradecerles el que para mí ha sido el mejor musical del 2011, “Avenue Q”, musical que según rumores, volverá en septiembre a Madrid, esta vez a la Gran Vía,  sitio que siempre mereció ocupar.

Tal vez aún no esté todo dicho y se confirmen en breve nuevas sorpresas para la próxima temporada. En su día Drive avisó que contaba con los derechos de una producción de éxito en Broadway y que pondría en pie tras “Avenue Q”. Además continuarán de gira por tierras ibéricas “Chicago” y la incombustible “Mamma Mia ¡”.
Es fácil darnos cuenta de que algo ha cambiado en este país y de que existe un nuevo concepto del teatro que gusta y atrae al público en masa a ocupar los patios de butacas. De todo ello se han dado cuenta las productoras que confirman la existencia de un mercado que responde aún en los peores momentos de crisis pero al que no le puedes dar “gato por liebre”. También deben darse cuenta de ello los actores, presentes y futuros que, ante esta nueva alternativa, deberán ponerse las pilas y ampliar sus conocimientos académicos.
La consolidación del musical por tanto es más que patente. Se puede evidenciar contemplando la cartelera y los títulos que colgarán en breve por todo Madrid. Las producciones son mayores, la competencia también lo es. Las obras comienzan a exigir de actores especializados, con determinadas características físicas, vocales, multirraciales, de todas las edades y condición. Ahora ya no vale cualquiera,  simplemente porque ahora ya no vale todo.


miércoles, 6 de abril de 2011

¿CIRCO O TEATRO?


Tras casi seis años de espera (fecha del estreno mundial) y tres meses desde que compré las entradas, por fin llegó el ansiado día de ver la nueva propuesta del Cirque du Soleil en España, Corteo. Sin lugar a dudas, Corteo es el espectáculo más teatral del Circo del Sol, lo cual de entrada sorprende ya que se aleja bastante del concepto abstracto al que nos tiene acostumbrado y nos hace viajar de principio a fin por un espacio imaginario que gira alrededor de la muerte y está cargado de referencias y personajes terrenales.

Para comenzar ese viaje, el Gran Chapiteau se propone y logra con éxito trasladarnos a un lugar indeterminado del mediterráneo mientras caminamos por su interior con destino a la butaca. El ambiente que se respira es el de una feria de verano, con sus bombillas y faroles, y el murmullo del público que comenta con admiración la belleza del espacio recreado por Jean Rabasse, escenógrafo del espectáculo.
En cuanto uno se sienta, de forma imperceptible volvemos a viajar, pero esta vez a una ciudad de centro europa. Ahora la sensación es la de estar en el interior de un teatro de la ópera y disponernos a presenciar "Don Giovani".


Dos telones descomunales inspirados en cuadros pertenecientes a la exposición "The Great Parade: Portrait of the Artist as Clown", dominan imperiosamente el escenario que no está exento y a la vista del público como es costumbre en esta compañía. En esta ocasión, la pista su ubica en el medio del Gran Chapiteau y los espectadores a ambos lados. Hay dos plataformas giratorias, y en ellas se dibuja un laberinto que reproduce exactamente el que se encuentra en la catedral francesa de Chartres.

A escasos cinco minutos del comienzo, aparecen interactuando con el público todos los personajes de Corteo, poniendo de manifiesto lo que vamos a presenciar; un palmario homenaje al mundo tradicional del payaso. A partir de ese mismo momento se ejecuta con precisión un auténtico cócktel en el que se mezclarán los universos de Browning, Fellini y Lynch, las pinturas de El Bosco, Magritte y Picasso, las óperas de Vivaldi, Monteverdi y Handel, "La Divina Comedia" de Dante, al tiempo que se nos desquebraja el concepto artístico habitual del Circo del Sol, el circo de los mundos estrambóticos y marcianos habitados por seres fantásticos creados a base de vestuarios y maquillajes excesivos (recuérdese Alegría Quidan o Varekai).


Ahora, en Corteo, sus habitantes son hombres de carne y hueso, mortales, comprometidos con el arte, la comedia y en un ultimísimo lugar, el circo.

Corteo arranca con el funeral de un payaso que a su vez observa lo que sucede a su alrededor; su velatorio acontece en un ambiente festivo y carnavalesco, bajo la presencia de unos ángeles de la guarda que vigilan en silencio desde el cielo, y la compañía circense al completo (el jefe de pista, un gigante, dos enanos, payasos, trapecistas, etc).


Durante dos horas se producirá en el interior del circo un bombardeo imparable de imágenes oníricas, de brutal plasticidad y belleza, cargadas de poesía y arte, con momentos visualmente impactantes que se incrustan en tu retina y te provocan escalofríos. Camas y bicicletas que vuelan, zapatos que caminan solos, acrobacias en lámparas gigantes de araña suspendidas en el vacío, un payaso haciendo funambulismo cabeza abajo portando dos candelabros en cada mano mientras atraviesa a gran altura la pista, y así podría seguir y seguir. Pero sí quisiera destacar dos momentos insuperables, de esos que te hacen vibrar y a mi incluso lanzar alguna lágrima. Uno de ellos, el instante en el que el payaso fallecido (interpretado genialmente por el actor italiano Mauro Mozzani) recibe sus alas de ángel y aprende a volar; espectacular. El otro, la interactuación entre Mozzani, la diminuta acróbata enana, ésta colgada de un ramillete de globos gigantes, y el público; bellísimo. Y es que en Corteo se produce un hermanamiento entre lo grande y lo pequeño, lo ridículo y lo trágico, la magia y la realidad, lo perfecto y lo imperfecto, todo ello en un nivel estraño, impreciso entre el cielo y el mundo terrenal.


Daniele Finzi Pasca, ha realizado una dirección magistral de un espectáculo en el que se rinde homenaje al mundo del circo más clásico a través del arte del teatro. Es posible que en algunos momentos, su trabajo peque de barroco y esto provoque un abuso de elementos escénicos y personajes en la pista que pudieran restar protagonismo al número principal que en esos momentos se está ejecutando. Ello no significa que Finzi adorne con gratuidad los acontecimientos pero sí exige de los presentes un proceso de información difícilmente asimilable en un primer visionado para los no expertos. Con esto no pretendo afirmar que la gente no entienda lo que ve pero sí es posible que haya cosas que pasen inadvertidas, lo cual es una lástima, más si tenemos en cuenta que todo, absolutamente todo, es bellísimo.


Quien espere de Corteo una correlación de números circenses, a cual más sorprendente, tendrá una gran decepción. El Circo, de forma intencionada, queda en un segundo plano. Incluso los números acrobáticos en esta ocasión no son especialmente espectaculares. Son los de toda la vida sin apenas "un más difícil todavía" pero que siempre provocan admiración y sorpresa, perfectamente integrados en la trama de la histora y cargados más que nuca de poesía, porque a diferencia de otros espectáculos, en Corteo, se dispara a bocajarro al espectador tocándole la fibra sensible, no precisamente con el deslumbramiento de un número bien ejecutado sino con la belleza de un espectáculo bien dirigido. Aquí no hay elementos abstractos, imaginarios, indefinibles ni números imposibles, inexplicables, cargados de riesgo. Aquí no hay maquillajes ni vestuarios que te alejen de la realidad. Aquí la magia se logra porque todo es tal cual, terrenal, cercano, pero sobre todo,  poético y muy humano. En definitiva, ARTE en estado puro.


martes, 29 de marzo de 2011

ENTUSIASMA, PERO ¿EMOCIONA?


Los Miserables,  basado en la novela homónima de Victor Hugo “Les Misérables”, es sin duda uno de los musicales más famosos y longevos jamás escritos y que mayor número de representaciones ha tenido en todo el mundo.

Este musical, compuesto por el compositor Claude-Michel Schönberg y apoyado en el libreto de Alain Boublil, se estrena por primera vez en “El palacio de los deportes” de  París, en 1980. Dos años más tarde, el productor teatral, Cameron Mackintosh comenzó a trabajar en la versión  inglesa del espectáculo, reduciendo a dos actos la propuesta original de Schömberg y solicitando a éste el arreglo de algunos pasajes con el fin de crear un producto algo más comercial y apto para el público anglosajón.

El 8 de octubre de 1985 el Barbican Theatre de Londres acogió el estreno mundial de Los Miserables, estreno recibido con más entusiasmo por el público que por la crítica. A Broadway llegó algo más tarde, en 1987. Ese mismo año optó a doce premios Tony de los cuales ganó ocho, incluido el de Mejor Musical.
En 1992, el propio Cameron Mackintosh, junto a José Tamayo y Plácido Domingo, estrenó la versión castellana de Los Miserables, siendo, posiblemente, la apuesta más arriesgada hecha en nuestro país hasta la fecha. Resultó un apoteósico éxito, manteniéndose en cartel durante dos temporadas. Lástima que pudiéndo haber estado mucho más y con el teatro lleno, las tretas cutres del Sr. Tamayo indignaran al británico y éste decidiera clausurar el espectáculo de la noche a la mañana.

Casi 20 después, Mackintosh inagura una nueva versión para conmemorar el 25 aniversario del laureado musical. Mientras que en Londres se sigue representando el montaje clásico estrenado en 1985, una efectista producción concebida para giras recorre Gran Bretaña, con parada en París, y cuyo aparente objetivo es continuar su andadura por Inglaterra y Europa
Para sorpresa de todos, este nuevo montaje es traído a España de la mano de STAGE y su directora, Julia Gómez Cora. Los “nuevos” Miserables se estrenan en noviembre de 2010 por tiempo limitado, convirtiéndose en un rotundo éxito de público y crítica, con una ocupación diaria que roza el 100 %.
 
       
 
Recuerdo la primera vez que vi Los Miserables en 1991, en New York. Casi no hablaba inglés pero apenas pude pestañear durante las tres horas que duró la representación. Un día antes había estado viendo Miss Saigón, también de Schömberg. Durante una semana viví en estado de “shock” y casi sin creer lo que había visto y oído. Con esto quiero decir que Schömberg tiene la culpa de mi pasión casi desgarrada por el género. Años más tarde, volví a ver Los Miserables en Londres. Esta vez alcanzaba a entender a la perfección la trama de la historia y lloré como una magdalena al final de la representación. Las últimas veces que volví a visitar el Palace Theather, antes de que Los Miserables se mudasen al Queen´s, continué emocionándome. Siempre, a la salida del teatro,  comentaba que el paso del tiempo había hecho mella en este musical; si bien la obra no había envejecido, sí resultaba antigua en su concepto pero continuaba conservando un no sé qué que te hacía vibrar y emocionar hasta lograr sacarte la lágrima. En definitiva, tenía MAGIA.
El pasado año, el anuncio de la nueva versión de Los Miserables supervisada por Mackintosh y la idea de poderla tener en Madrid de la mano de STAGE me entusiasmó ya que conciliaba dos de mis sueños. Sin embargo, tras el estreno en el pasado mes de noviembre y 4 visitas al Lope de Vega (teatro donde se puede visionar el espectáculo) no dejo de preguntarme ¿qué tiene esta nueva producción que tanto gusta a la gente, que tantos bravos y puestas en pie arranca pero que no logra emocionarme?

En esta nueva versión, Cameron Mackintosh,  muy inteligentemente,  crea un producto cargado de pirotecnia pero carente de la MAGIA que hizo única a la producción original. Sir Mackintosh nos hace olvidar que estamos ante un producto menor, concebido para giras pero vendido a todos los efectos como una gran producción,  y ello lo logra con armas sencillas pero efectivas: elimina los sintetizadores, tan 80´s y tan del momento y recurre a la informática, engrandeciendo la orquestación y haciéndonos creer que estamos ante una gran orquesta sinfónica cuando apenas hay 8 músicos distribuidos en el foso. Prescinde de la plataforma giratoria (alma y centro del montaje clásico) y da paso a una escenografía clásica pero resolutiva, capaz de adaptarse al tamaño del teatro con simples movimientos que hacen las delicias del respetable. Todo ello, aderezado con una iluminación, eso sí,  inteligente y digna de las grandes producciones. Además, reduce la edad de los protagonistas y reúne a un elenco joven, muy joven.

Frecuentemente, los seguidores de este musical, hemos comentado entre nosotros ¿qué es lo que falla en esta nueva y maravillosa producción?. ¿Por qué gusta pero no emociona?. Tras mi última visita al Lope de Vega me di cuenta de que erróneamente, Mackintosh, en su afán por crear unos nuevos Miserables, había eliminado aquello que hizo única a esta obra, dejándola sin ALMA. La esencia y dirección de Trevor Nunn (director en 1985) no está por ningún rincón del escenario. Se dota de luz a una creación concebida para ser oscura siendo  ese tenebrismo,  precisamente,  lo que confiere el aire dramático a la historia. Se elimina la plataforma giratoria, este último, elemento escenográfico básico para el desarrollo narrativo de la obra y cargado de simbología y espectáculo que se convirtió y es hoy en día un referente inseparable de Los Miserables. Tampoco encontramos la esencia que dejó John Cameron como arreglista y director musical. En la nueva versión se acelera la partitura, en ocasiones, de manera desproporcionada y se la viste con aires pop que si bien no molestan, tampoco aportan. Hay hallazgos de esta nueva dirección incomprensibles como la sustitución de “las sillas y mesas vacías” por velas o la aparición, nada fantasmal, en el ABC Café de los muertos en las barricadas. Otros hallazgos sí resultan geniales, como el uso que dan a las pinturas de Victor Hugo como parte del decorado y perfectamente integradas a la narración, logrando momentos impresionantes imposibles de olvidar como la huída de Valjean con Marius tras la batalla o el suicidio de Javert.
Sigo pensando que Los Miserables necesitaban una revisión, y puede que incluso una restauración pero nunca una renovación, que es lo que ha sucedido con esta conmemoración del 25 aniversario. El alma de esta obra, y la obra en sí, han dejado claro que son inmortales y que, como  obra maestra que es, cuando se toca, pierde su fuerza.

Afortunadamente, y a pesar de lo dicho, Mackintosh ha hecho un excelente y más que digno trabajo, con independencia de que algunos pensemos que la nueva propuesta ha perdido emoción. Sin duda, volvemos a tener una nueva oportunidad, yo diría que una obligación, de disfrutar de una obra que incluso con cambios, sigue resultando genial y eterna. También de todo esto he sacado la siguiente conclusión y es que “no resulta  mejorable aquello que en sí ya es perfecto”.

lunes, 28 de marzo de 2011

UN MÁS QUE NOTABLE AVENUE Q

A comienzos del 2.000, Robert López y Jeff Marx desarrollaron una idea que adquirió forma  y logró estrenarse en el Off Broadway en el 2.003, dando poco después el salto al circuito de los grandes teatros en pleno centro de Manhattan y obteniendo tres premios Tony arrebatados, alguno de ellos, a la favorita y grandiosa “Wicked”. La historia recreaba la vida y miserias de varios personajes de peluche, y algunos de carne y hueso, en  un vecindario newyorquino de “cuarta”, con claros guiños a “Barrio Sésamo” siempre cargados de mala uva. Sus protagonistas eran marionetas que cantaban sobre diferentes temas de actualidad como el racismo, el porno, las drogas, la homosexualidad y hasta la política, de manera clara y obviando posturas políticamente correctas. Desde su estreno, este peculiar barrio ha dado la vuelta al mundo con gran éxito de crítica y público.
En Madrid aterrizó en septiembre de 2010 de la mano de Yllana,  con un elenco sobresaliente que ya, en las previas al estreno, demostró gran profesionalidad y saber hacer dando  vida y dotando de alma a los personajes de peluche , con voces e interpretaciones que desde hacía tiempo no se veían y escuchaban en la capital.
He de reconocer que la apuesta por este musical por parte de las productoras Smedia, Drive Entertainment, Vértigo y Trasgo me sorprendió, ya que, si bien Madrid, comienza a acostumbrarse a recibir cada año importantes producciones musicales, en esta ocasión, se recurría a un formato alternativo e innovador, nada parecido a lo que hasta ahora estábamos viendo en la cartelera madrileña y que de entrada, podría predisponer una idea equivocada de lo que realmente encerraba Avenue Q.


Sin duda, los que han pasado por el teatro se han visto positivamente sorprendidos  ya que todo lo que encontramos es de un nivel notable; desde los técnicos de sonido hasta los creadores de las marionetas. Desde los propios actores hasta los adaptadores y letristas de la versión al castellano del musical.
Desde mi punto de vista Avenue Q ha tenido un problema de base en España que ha impedido que sea el musical de "super" éxito que hubiera merecido ser.  Avenue Q nunca debió estrenarse en el teatro Nuevo Apolo. Este tipo de espectáculos, que ya han tenido una carrera internacional, deben colgar sobre las marquesinas de la Gran Vía y no en espacios fuera del circuito del género musical, circuito que parece haber encontrado su lugar en la céntrica avenida que trascurre entre la Plaza de España y Cibeles. Siendo una co-producción en la que participaba Drive Entertainment, hubiera sido más correcto trasladar “Los 40, el musical”, con un mercado ya consolidado,  al Nuevo Apolo y dejar paso y ubicar a Avenue Q en el Teatro Rialto. A Dios gracias que el “boca a boca” funcionó pero sin duda las cosas hubieran ido aún mejor de haber fijado el barrio “Q” en La Gran Vía. Y como el hombre es el único ser que tropieza dos veces con la misma piedra, vamos camino de repetir la misma historia con  el ya de por sí poco atractivo “Shrek”.
Tengo la firme intuición de que Avenue Q volverá a Madrid. Yo así lo espero y deseo. La próxima temporada promete ser espectacular en cuanto a producciones musicales se refiere. La Gran Vía lucirá con una de las mayores y mejores obras del género que en la actualidad se puede ver en el West End londinense o Broadway: El Rey León. Sin duda es motivo más que suficiente para pelear por un lugar cercano al Rey de la selva y,  con toda probabilidad,  de la taquilla. Nada hará sombra al Rey León que llega de la mano de STAGE  y de la toda poderosa Disney pero si algo tengo claro es que todos los que estén próximos a éste saldrán beneficiados por dos razones: quienes descubran por primera vez el teatro musical a través de El Rey León tendrán necesidad de más espectáculos de este formato. Quienes no puedan acceder por falta de disponibilidad de entradas buscarán las alternativas más cercanas.
El día 2 de mayo Avenue Q deja Madrid y comienza a rodar por tierras españolas. Enamorará a todos los que no pasaron por la capital y no pudieron disfrutar de esta joya. También a quienes sí lo hicieron y se quedaron con ganas de más.  Yo confío en que los rumores que me han llegado sean ciertos y que Avenue Q regrese a Madrid,  más concretamente a la Gran Vía, barrio que debería haber acogido de origen al que a mi parecer es el mejor musical de la pasada temporada.